ESCENA COTIDIANA · CAMPO COMPLETO · 16/10
Campo normal
Del centro a la periferia
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El glaucoma daña el nervio óptico poco a poco y sin dar síntomas. No duele, no emborrona la visión y no se nota mientras avanza: cuando el paciente se da cuenta, lo perdido ya no vuelve. Lo único que lo detecta a tiempo es una revisión.
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Dentro del ojo circula un líquido que se produce y se drena de forma continua. Cuando ese drenaje no funciona bien, la presión sube y va dañando las fibras del nervio óptico, el cable que lleva la imagen al cerebro.
Esas fibras no se regeneran: lo que se pierde, se pierde. Es la primera causa de ceguera irreversible del mundo. Afecta a más del 3% de la población y a más de una de cada diez personas mayores de 70 años, y una buena parte de quienes lo tienen no lo sabe.
El daño empieza por la periferia del campo visual, no por el centro. El cerebro rellena los huecos con la información de alrededor y con la del otro ojo, así que la escena se sigue viendo completa. Simplemente deja de haber información, y nadie lo nota.
ESCENA COTIDIANA · CAMPO COMPLETO · 16/10
Del centro a la periferia
Lo que el ojo ya no capta
El cerebro completa la escena
Cuando el paciente empieza a percibir algo, a tropezar con cosas que no ha visto o a notar que le falta visión lateral, el nervio ya ha perdido una parte importante de sus fibras. Por eso el glaucoma se busca, no se espera.
El drenaje se obstruye de forma lenta, la presión sube poco a poco y no produce ningún síntoma durante años.
SILENCIOSO · SE DETECTA EN UNA REVISIÓNEl drenaje se bloquea de golpe y la presión se dispara en horas: dolor intenso, halos, ojo rojo, náuseas. Puede dañar en uno o dos días.
URGENTE · ACUDE A URGENCIASEl nervio se daña aunque la presión esté en el rango habitual. Se maneja igual, bajándola aún más.
NO BASTA LA TONOMETRÍA«Yo veo bien. ¿De verdad necesito revisarme?»
Sí, y precisamente porque ves bien: el glaucoma no cambia lo que ves hasta que ha avanzado mucho. Ver bien no descarta nada; la única forma de saberlo es medir la presión y mirar el nervio. A partir de los 40, o antes si hay glaucoma en la familia, conviene hacerlo con regularidad.
Todos los tratamientos del glaucoma persiguen lo mismo: bajar la presión del ojo para que el nervio deje de dañarse. Se empieza por lo menos invasivo y solo se pasa a otra cosa cuando lo anterior no basta.
Colirios que reducen la producción de líquido dentro del ojo o mejoran su drenaje. Es el tratamiento con el que se controla la mayoría de los glaucomas, y funcionan mientras se usan a diario y a la misma hora.
Y quedarse aquí es la buena noticia: la presión está controlada.
Cuando la presión no baja lo suficiente, sigue habiendo daño pese al tratamiento o las gotas no se toleran, se plantea alguna de estas opciones. La elección depende del tipo de glaucoma, no de un orden.
La trabeculoplastia actúa sobre la malla de drenaje; en el ángulo estrecho, la iridotomía abre una vía alternativa que previene la crisis aguda. Puede reducir o retrasar las gotas.
Dispositivos muy pequeños que crean una vía de salida para el líquido. Con frecuencia se implantan aprovechando la cirugía de catarata.
La trabeculectomía crea una vía de drenaje bajo la conjuntiva; las válvulas se reservan para los casos que no responden.
Mientras funcionen, sí, y eso es una buena noticia: significa que la presión está controlada sin necesidad de nada más. La mayoría de los pacientes no pasa nunca del primer escalón. Lo que sí conviene decir en consulta es si las gotas molestan, irritan o cuesta acordarse de ponerlas: hay alternativas, y una pauta que no se cumple no protege el nervio.
Ningún tratamiento devuelve el campo visual perdido. Lo que hacen todos es frenar el daño para conservar lo que queda, y por eso el momento del diagnóstico determina el resultado más que el tratamiento elegido.
Las gotas funcionan si se ponen todos los días. Es la causa más frecuente de que un glaucoma siga avanzando con tratamiento, y no tiene que ver con la voluntad: la enfermedad no da síntomas, así que nada recuerda que hay que ponerlas.
El control se hace comparando pruebas a lo largo del tiempo: la presión, el campo visual y el estado del nervio. Una sola medición no dice mucho; lo que importa es la evolución, y por eso conviene hacer siempre las mismas pruebas en el mismo sitio.
En una clínica de una sola sede no hay cirujano rotatorio: el oftalmólogo que estudia tu caso es el que entra contigo al quirófano y el que te ve después.
Córnea y polo anterior. Cirugía refractiva. Miembro de la Unidad de Superficie e Inflamación Ocular del Hospital Clínico San Carlos y profesor asociado de la Universidad Complutense.
Córnea y cirugía refractiva, con formación en la Universidad de la Columbia Británica. Profesora asociada de la Universidad Complutense y especialista del Banco de Tejidos del Hospital Clínico San Carlos.
Cirugía refractiva y polo anterior. Doctora en Medicina Cum Laude.
Especialista en retina médica y quirúrgica, con especial interés en cirugía de desprendimiento de retina, agujero macular y miopía magna. Doctor en Medicina Cum Laude y especialista en Retina y Vítreo del Hospital Universitario Puerta de Hierro.
Quirófanos propios, con láser excímer y láser de femtosegundo
IntraLase, y topografía corneal Sirius en el área de pruebas.
TESTIMONIOS
Conoce la experiencia de personas que han confiado en RealVisión para cuidar su salud visual.
El glaucoma no se diagnostica con una sola prueba. Se mide la presión intraocular, se explora el nervio óptico y se estudia el campo visual con campimetría, la prueba que detecta los huecos que el paciente no percibe.
Se completa con la tomografía de coherencia óptica, que mide el grosor de las fibras nerviosas, y con el grosor de la córnea, porque influye en la lectura de la presión.
El precio de cada cirugía incluye la intervención y las revisiones posoperatorias. La consulta y las pruebas de seguimiento se abonan aparte.
Muchas pólizas de salud cubren el seguimiento y la cirugía del glaucoma. Dinos con qué compañía estás y te confirmamos las condiciones.
Dudas frecuentes
Que hay que vigilarlo. Tener la presión elevada sin daño en el nervio se llama hipertensión ocular, y no todas las personas que la tienen desarrollan glaucoma. El seguimiento periódico es lo que permite actuar si empieza a haber daño.
Sí. Tener un familiar de primer grado con glaucoma multiplica el riesgo, y conviene empezar a revisarse antes que la población general. Es uno de los pocos factores de riesgo que se conocen con certeza.
No se cura, se controla. El tratamiento detiene o frena el daño, pero lo que el nervio ya ha perdido no se recupera. Por eso el objetivo es conservar la visión que hay, y por eso importa tanto detectarlo pronto.
Sí, aunque no se note. La presión sube en cuanto se interrumpe el tratamiento, y el daño se produce sin síntomas. Si te cuesta cumplir la pauta, díselo al oftalmólogo: hay alternativas y es mejor cambiar de tratamiento que dejar de ponerlo.
Sí, y a veces conviene: la cirugía de catarata baja algo la presión por sí sola, y permite implantar en el mismo acto un dispositivo de drenaje si está indicado.
Significa que hay riesgo de que el drenaje se bloquee de golpe. Se puede prevenir con un láser sencillo que abre una vía alternativa, y una vez hecho ese riesgo desaparece.
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La consulta no implica compromiso de tratamiento. La información de esta página es orientativa y no sustituye una valoración médica personalizada. La idoneidad de cualquier procedimiento debe determinarla un oftalmólogo tras estudiar cada caso.





